once de septiembre del dos mil once
Nunca le prendimos fuego al gimper. al menos no ese día. Ahora me arrepiento, tuvimos que haberlo hecho. Era el 11 de septiembre del 2011, el edificio era un hermoso desastre igual que nosotros. Aún teníamos esa conservadora idea que la Victoria era imposible. A las 7 de la tarde empezaron a llegar los Cordones del eje Brasil y Frente Playa Ancha. Cabras y cabros de todas las formas y tamaños traen tambores, varas de coligue, mochilas, cadenas con candados y bidones de bencina y fierros. Después llegaron los cordones municipales: Insuco, Eduardo de la Barra, Liceo Barón, Industrial de Valparaíso. Unos 200 secundarios detonados.. Llevan muchas banderas distintas... Las banderas rojas y negras, las banderas mapuches, las banderas del cuac (que nadie sabe de donde salieron) las banderas del FAO, las banderas del cordón. las banderas de la disidencia entre la disidencia... Pero esa noche, entre bombas de humo eramos hermanos.
Estamos en el pasaje talcahuano, el amenizador está hablando, dando algunas instrucciones de como funciona el edificio. Alguien pregunta si hay libertad de bandera... nunca había escuchado esa expresión... todas las banderas son trapos plomos de noche. Hay 6 pulmones que debemos mantener funcionando. Barriles grandes de latón oxidado llenos de basura. Cuando le prendemos fuego sueltan un humo negro que sirve para empujar el gas blanco de las lacrimógenas. Mientras los gimperitos los tengan encendidos podremos respirar. El pasaje talcahuano no tiene techo y sirve para llevar a los heridos y a los que tienen ataques de pánico y a los que ya no tienen aire. Se tiran en el pasto, comen limones y aspiran amoniaco hasta que se sienten mejor y pueden volver al sartén. Tenemos muchos limones que nos regalan en el mercado el cardonal. A ellos no les gustan las manifestaciones, pero la policía les gusta mucho menos.
V me mira con su cara cubierta por una polera verde. Solo veo sus ojos almendrados y rojos. Ha estado tomando san Pedro toda la semana antes del 11, solo veo sus ojos hinchados como si llorara. Subimos al último piso del edificio y trancamos los ascensores con sillas y mesas, cerramos las escaleras de emergencia con alambre, vaciamos las oficinas y salas de sillas, pizarrones, bancas, extintores y todo lo que pueda servir para taponear las escaleras. Si los pacos entran, vamos a defender el edificio piso a piso. Cuando lleguemos a la azotea del piso 12, al lado de la bandera pirata que plantamos cuando empezamos la ocupación, saltaríamos.
El Frankestein me dice que van a subir a Rodelillos con M y J para crear una distracción, luego de eso tendremos media hora antes que nos rodeen. La semana anterior hicimos muchos viajes en la combi al peladero de un cerro de valpo a buscar neumáticos. Tenemos 100 o mas ruedas de autos y camiones en el sótano del edificio.
El Z dejó de tomar sus pastillas para la esquizofrenia hace un mes, mas o menos. Se ha dedicado a preparar San Pedro y escribir poemas. Dice que puede ver a los brujos invisibles que envió la policía. Los brujos del poder. El edificio está lleno de ellos... pero no nos harán nada mientras él esté ahí.
Me pasan las llaves de la puerta de 12 de febrero y me pongo una mascara antigás. El Frankestein deja una caja al lado de la puerta con botellas llenas de bencina. Me dice que no puedo abandonar la puerta nunca. La puerta es de metal y cuando nos agarren a postonazos puedo cubrirme con ella. Me meto el pesado candado en el bolsillo y salgo a la calle.
L y M están analizando un poste de luz. Hay 300 encapuchados afuera del edificio, quizás más. Está oscureciendo. Repartimos Guantes de construcción y cascos a los que alcancen. Los cabros y cabras se dividen las calles y las misiones. Están los puntas detonados, que tienen que ir al frente; los mulas que llevan sacos con piedras; los bomberos que tienen que mantener el lugar despejado de lacrimógenas; los médicos que llevan una mezcla de amoniaco con agua y limones; y detrás están los bombas y los fuegos, pero de ellos no puedo hablar acá.
P y su hermano A ayudan en lo que pueden. P tiene un pañuelo con lunares tapándole la cara y una chaqueta de cuero. Tiene un poema que siempre me recuerda estos momentos: "no eramos los mas bellos / pero si los más valientes". Años después nos enamoraríamos y tendríamos un hijo, pero en ese momento no teníamos idea. En la azotea C, la vigía, dice que hay fuego en rodelillos, nos queda poco tiempo.
Los mulas se ponen en fila y el Boris Karloff con el Hombre Lobo les cuelgan las ruedas al cuerpo. Cada uno tiene que correr con 3 o 4 neumáticos hasta su misión. Detrás de ellos van los fuegos con los bidones llenos de bencina para prenderlo todo. Los demás arrastran una máquina de coca cola que pesa como un elefante muerto.
Dejo la puerta de 12 de Febrero abierta y los cabros y cabras saltan a la calle como si fueran bombas cayendo de un avión. Salen gritando, riendo y delirando. Son las 9 de la noche, las sirenas se acercan. El Frankestein y el M vienen corriendo, dice que le están pisando los talones. Estamos rodeados me dice. Pero no importa, siempre lo estuvimos.
Encienden Barricadas en avenida argentina, chacabuco, brasil. Llevan la máquina de coca cola al puente de errazuriz. El humo de las ruedas oscurece el cielo. L y M y otros 100 botan un poste de luz en la esquina de 12 de febrero y la electricidad se corta. El poste cae tirando chispas y todos aúllan como lobos.
Detrás de la puerta no veo nada. Solo unas sirenas al final del callejón. Escucho unos ruidos de radio. Escucho un helicóptero. Siento que algo me golpea en el pecho. Son perdigones. La policía está disparando desde la oscuridad, a ciegas y aún así, la manga de hijos de puto nos da directo en el corazón. Están entrenados, tienen mucha práctica disparando a manifestantes.
El ejercito gimperito se mueve como un cienpiés por las calles de punto en punto dando cara y haciendo retroceder a los piquetes de pacos. Les arrojan todo lo que tienen para frenar a la policía. Alguien grita los nombres de los desaparecidos. Alguien grita el nombre de salvador allende. Alguien grita el nombre de Matías Catrileo. Alguien grita el nombre de Manuel Gutierrez Reinoso, a quien mataron hace unos meses en una protesta similar a esta. Alguien conecta a un parlante una radio y se escucha a todo volumen el discurso final, el que habla de no rendirse. Alguien hace ondear las banderas. Las banderas rojas y negras, las banderas mapuches, las banderas del cuac (que nadie sabe de donde salieron) las banderas del FAO, las banderas del cordón. las banderas de la disidencia entre la disidencia. Pero es de noche y no hay electricidad en las calles y todas se ven como trapos de color plomo. El F le hecha bencina a las piedras y las tira encendidas.
El fuego es intenso, los zorrillos entran entre la multitud cortándola como mantequilla. Piñera había comprando unos zorrillos blindados nuevos en la india y unos guanacos último modelo. Los zorrillos llenan todo con gas ácido pero salen de entre los cabros envueltos en llamas. Si se detienen explotarán. Escuchamos como gritan los pacos dentro de los blindados. Nos odian y nosotros a ellos.
Estamos cada vez más cerca del edificio. Los piquetes no pueden avanzar ningún metro porque hay mucho cabro y cabra y piedra y cadenas. Así que les tiran las máquinas encima. Mandan al guanaco huascar. Dispara por todos lados y tiene un tumbaburros de acero. Cada vez que embiste retrocedemos 10 metros. cada vez que embestimos avanzamos un metro o dos. No importa. Estamos rodeados. No importa. Hacemos barricadas con lo que queda cerca de las entradas y salidas del edificio. Cada 10 segundos se escucha un disparo. Cada vez que suena un disparo un capucha cae gritando de dolor. Los médicos le sacan el perdigón incrustado con un alicate, y los arrastran dentro del edificio. Entonces se me acerca el Diablo. El Diablo es un comunicador social que trabaja para la Placeres. Ha estado transmitiendo a la radio durante toda la noche. Nos dice que el paco de la escopeta se llama crespo. Ahí nos conocimos. Los guanacos iluminan la calle con unos reflectores gigantescos. Sus motores rugen en la calle pero nosotros gritamos mas fuerte.
Finalmente nos encerramos. Hemos perdido la calle. Estamos rodeados. Mantengo la puerta abierta para que entren los gimperitos, y entro último cerrándola con el seguro y pegando mi cuerpo contra ella. Cada vez que el ejercito gimperito se rearma abro la puerta y saltan a la calle. Es un ir y venir. Nos deshacemos pero no nos cansamos. Repetimos el baile hasta la náusea. Entra el ejercito y un zorrillo se pone en la puerta llenando el edificio de gas amarillo. Yo contengo la puerta lo mejor que puedo. La máscara me ayuda con el ácido, aunque no veo nada.
Un gorila enorme se baja del zorrillo y trata de abrir la puerta a patadas. Trato de empujarlo pero pone un bota gigante manteniendo la puerta abierta y logra lanzar una lata adentro. Es una lata de esas que revientan en pequeñas lacrimógenas chicas. Respiro rápido dentro de la máscara y no veo nada. Estoy en medio de la nube de gas y estoy muy desnutrido y no puedo sostener la puerta. El paco la abre con una sola mano. Pero detrás de mi aparecen el Frankestein y el Hombre Lobo cada uno con unos palos gruesos de madera. Abro la puerta por completo y exorcizan al paco a palos, lo suficiente para lograr poner el seguro. Saco el pesado candado de mi bolsillo. A ese ritmo perderemos la puerta. No podemos darnos el lujo de perder la puerta. Si eso pasa tendremos que activar el plan suicida. Así que bloqueamos la entrada de 12 de Febrero con sillas, ruedas, alambre. Ahora el edificio tiene una entrada y ninguna salida. Una pequeña puerta al frente, donde solo cabe una persona y solo si está agachada. Hay mucha maquinaria afuera, los motores de los blindados rugen. Nos tapan en bombas que caen del cielo dejando líneas blancas en el aire. Hacen un sonido intenso al explotar y las chispas queman. Los cabros y cabras tienen que salir de a uno a dar cara, pero cada vez que abrimos la puerta nos disparan. Los balines sacan chispas de la reja y el portón y se incrustan en la piel. Duelen como el infierno. El ejercito gimperito trata de hacer escudos con las mesas. La madera se astilla cuando reciben los perdigones y balines.
Los pasillos del edificio están saturados de pequeños tarros donde han prendido fuego para que el humo espante la lacrimógena. Hay cabros y cabras tirados por aquí y por allá. No tienen fuerza ni para levantar la cabeza. Estoy cansado y me duele el cuerpo. Con P nos vamos a descansar. Afuera sigue la guerra. Los cabros y cabras pelean cuerpo a cuerpo. No importa si me despiertan a palos. Ha sido mucho gas, una noche intensa como ninguna.
Al día siguiente no hay policía y todo el edificio está cubierto de una sustancia blanca y tóxica. Con P debemos irnos a Santiago. Cuando miro atrás, en la terraza del gimper esta el J con el Frankestein y el Hombre Lobo. J está sin polera, guata blanca al aire, tiene en las manos un juguete que tira burbujas de jabón cuando sopla. En los parlantes suena algo. La bandera pirata flamea bajo la primavera de septiembre.